La mesa de la junta: presidente, secretario y escrutadores
Una junta mal llevada produce un acta frágil. Todo se juega en los cinco primeros minutos, al designar la mesa.
El primer acuerdo de cualquier junta no trata ni de cuentas ni de obras: designa la mesa. Es un trámite de dos minutos y, sin embargo, condiciona la regularidad de todo lo que sigue.
Una junta que entiende este mecanismo influye más en el desarrollo de la sesión, sin sustituir nunca al administrador, cuyo papel es distinto.
Quién compone la mesa
- El presidente, elegido por la junta entre los propietarios presentes.
- El secretario, a menudo el administrador, encargado de redactar el acta.
- Uno o varios escrutadores, designados para verificar las votaciones.
El presidente no es el administrador: es un propietario. La distinción es esencial, porque dirige los debates, somete a votación y firma el acta, incluso cuando se trata el nombramiento del propio administrador.
Qué hace realmente el presidente
Abre la sesión, comprueba que se cumplen las condiciones exigidas, dirige el debate, somete cada punto a votación en el orden previsto, proclama los resultados y firma el acta.
Su poder más útil es también el más discreto: marca el ritmo. Una junta en la que se abre un debate general antes de cada voto se alarga y termina con cansancio, en perjuicio de los últimos acuerdos, a menudo los más importantes.
Los escrutadores: contar cuotas
Los escrutadores verifican las votaciones durante toda la junta. Su trabajo tiene una sutileza que muchos propietarios descubren en la sala: no se cuentan personas, se cuentan cuotas.
Un acuerdo puede aprobarse aunque la mayoría de los presentes haya votado en contra, si los votos favorables representan más cuota. Es el mecanismo explicado en las cuotas de participación.
- Revisar la lista de asistentes antes de abrir, con presentes, representados y votos por correspondencia.
- Comprobar que las delegaciones respetan los límites aplicables.
- Recontar las cuotas cada vez que alguien entra o sale durante la sesión.
- Verificar la mayoría aplicada a cada acuerdo.
- Señalar cualquier desviación al momento, en lugar de descubrirla en el acta.
El tercer punto es el más olvidado: hay quien llega tarde o se va antes del final, y el total de cuotas presentes cambia durante la sesión.
El papel de la junta
Nada obliga a un miembro de la junta a presidir o a hacer de escrutador, y nada lo prohíbe. En la práctica es frecuente y útil: la junta ha preparado los expedientes, conoce los acuerdos y ayuda a no perder el hilo.
Lo esencial es haber preparado la sesión: mira cómo prepara la junta la asamblea y cómo movilizar a los ausentes.
Lo que se juega después de la sesión
El acta la firman los miembros de la mesa. Firmar compromete: conviene releerla antes, sobre todo en los puntos sensibles: importes votados, mayorías aplicadas, disidentes nombrados.
Esas comprobaciones están en el acta de la junta y condicionan las posibilidades de impugnación.
No se cuentan manos levantadas, se cuentan cuotas: es lo primero que hay que explicar a los nuevos propietarios.
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