Deshollinado en comunidad: quién lo hace y quién lo paga
El conducto que atraviesa el edificio es común; el que atraviesa la vivienda, no. Todo el reparto cabe en esa frase, y el seguro también.
Es un tema olvidado hasta el siniestro. Un incendio de conducto, una intoxicación por monóxido, una cobertura denegada por falta de certificado: el deshollinado no interesa a nadie hasta el día en que decide quién paga.
La regla de reparto es sencilla, siempre que se sepa por dónde discurre el conducto.
Conducto colectivo y conducto privativo
El conducto colectivo — el que sirve a varias viviendas y atraviesa el edificio hasta la cubierta — es elemento común. Su limpieza la organiza el administrador y la paga la comunidad, como cualquier servicio de mantenimiento.
El conducto de conexión, el que va del aparato del ocupante al conducto colectivo, corre a cargo del ocupante. Mismo edificio, misma chimenea, dos responsabilidades distintas.
La frecuencia no es igual para todos
En una instalación colectiva, el mantenimiento esperado es bastante más frecuente de lo que muchas comunidades practican: varias intervenciones al año y tantas como el uso exija. Las normas locales pueden reforzarlo, lo que explica diferencias entre municipios.
La junta no tiene que decidirlo por su cuenta: pregunta al administrador qué se aplica al edificio y comprueba que el contrato lo respeta. Mira redactar un pliego de mantenimiento.
El certificado es la pieza que cuenta
Cada intervención genera un certificado que entrega el profesional. Sirve dos veces: para acreditar el mantenimiento ante el seguro tras un siniestro y para demostrar que la comunidad cumplió su obligación.
Un certificado que duerme en el archivo del administrador no protege a nadie el día que hay que aportarlo. Su sitio está en los documentos de la comunidad, con su fecha. Mira la conservación de documentos.
Tras un incendio de chimenea, la primera pregunta del seguro no es «qué ha ardido», sino «dónde está el último certificado».
Los conductos en desuso, la trampa real
Muchos edificios antiguos conservan conductos en desuso: chimeneas tapiadas, hogares clausurados, conductos reutilizados para ventilación. Ya no se mantienen, a veces ni se identifican, y siguen existiendo estructuralmente.
- Un conducto en desuso sin obturar crea tiros parásitos y olores.
- Un conducto reutilizado para un aparato reciente puede no ser apto para ese combustible.
- Un remate de chimenea sin mantenimiento se convierte en un punto de filtración.
- Una conexión no autorizada a un conducto colectivo pone en peligro a las demás viviendas.
El último punto justifica por sí solo un inventario: la junta que descubre tres instalaciones no declaradas el día del siniestro ya no tiene margen. Mira la visita anual del edificio.
Qué comprobar este año
- ¿Existe contrato de mantenimiento y cubre todos los conductos colectivos?
- ¿Están disponibles los certificados de los dos últimos ejercicios?
- ¿Están identificados y obturados los conductos en desuso?
- ¿Se ha informado a los ocupantes de lo que les corresponde?
El último punto es comunicación, no derecho: un recordatorio escrito antes del invierno resuelve la mayoría de los casos y evita arbitrar después. Mira comunicar con los propietarios.
¿Y los inquilinos?
El mantenimiento corriente del conducto que sirve a la vivienda corresponde al ocupante, es decir al inquilino cuando está alquilada. El gasto del deshollinado colectivo entra en los gastos repercutibles según las reglas aplicables. Mira los gastos repercutibles.
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