Conserje o portero: crear, mantener o suprimir el puesto
Suprimir el puesto de conserje «para ahorrar» es el proyecto peor calculado de las juntas generales.
El puesto de conserje vuelve con regularidad a los debates de las comunidades, casi siempre desde el mismo ángulo: el coste. Salario, cotizaciones, vivienda de portería, sustituciones. En conjunto suele ser la primera partida de gastos del edificio, por delante de la calefacción.
El razonamiento parece sencillo: suprimir el puesto, alquilar la portería y aligerar las cuotas. Lo es mucho menos en la práctica, y la junta presta un servicio real presentando el expediente completo antes de que la junta general se comprometa.
Qué hace realmente un conserje
- Limpieza de zonas comunes y gestión de los contenedores: la parte visible.
- Pequeñas intervenciones técnicas, bombillas, lecturas, apertura a proveedores.
- Recepción de paquetes, control de accesos y trato diario con los residentes.
- Vigilancia de hecho: una presencia reduce vertidos, intrusiones y desperfectos.
- Información al administrador y a la junta, a menudo antes de que la incidencia se convierta en siniestro.
Ese último punto es el que los cálculos siempre olvidan. Un conserje que avisa de una filtración en septiembre evita una impermeabilización en enero: mira por qué una incidencia bien seguida cuesta menos.
El cálculo honesto de una supresión
Antes de comparar hay que presupuestar lo que sustituirá al puesto. Suprimirlo nunca hace desaparecer las tareas: las redistribuye, y cada redistribución tiene un precio.
- Contrato de limpieza de zonas comunes, con una frecuencia realista.
- Empresa para sacar y entrar los contenedores, normalmente facturada aparte.
- Contrato de guardia o de pequeñas reparaciones.
- Gestión de accesos y paquetería, ahora a cargo de los residentes.
- El coste del propio procedimiento de supresión, indemnizaciones incluidas.
Para la primera partida, la comparación solo tiene sentido con el mismo pliego: mira cómo redactar un pliego de limpieza.
El destino de la portería
Suele ser el argumento decisivo: una vez libre, la portería podría alquilarse o venderse. Pero es una zona común, y su transformación o venta depende de acuerdos específicos, con mayorías elevadas y a veces condicionados por los estatutos.
Vender la portería no es, por tanto, la continuación automática de suprimir el puesto: es un segundo expediente, con su procedimiento y su calendario.
La cuestión de las mayorías
Crear o suprimir un puesto de conserje no sigue la misma regla en todas partes: depende de lo que prevean los estatutos. Si mencionan expresamente la presencia de un conserje, el camino es bastante más exigente que si guardan silencio.
Conviene comprobarlo antes de redactar el acuerdo, so pena de verlo impugnado: mira las condiciones de impugnación de un acuerdo.
Las opciones intermedias
Entre el conserje a jornada completa con vivienda y la supresión pura y dura hay opciones poco exploradas: un empleado de finca sin vivienda, un puesto compartido entre comunidades vecinas o una redefinición de tareas con jornada reducida.
Hay que presentarlas con cifras y un comparativo claro, como cualquier arbitraje presupuestario: mira las preguntas que hacer sobre el presupuesto.
Un puesto de conserje no se suprime: se sustituye. Toda la cuestión es por qué y a qué precio.
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