Ruido de impacto y tarima sin precauciones: qué puede exigir la comunidad
Un vecino cambia la moqueta por tarima. De un día para otro, el piso de abajo lo oye todo.
Es uno de los conflictos más frecuentes y peor tratados en una comunidad. Una vivienda cambia de dueño, desaparece la moqueta, la sustituye tarima o gres, y el vecino de abajo descubre pisadas, sillas y objetos que caen y que antes no oía.
No es cuestión de tolerancia sino de física: los pavimentos blandos absorben el ruido de impacto y los duros lo transmiten a la estructura. Cambiar el pavimento modifica el aislamiento del piso inferior, que no ha pedido nada.
El principio: no empeorar lo existente
Muchos estatutos contienen una cláusula que prohíbe reducir el aislamiento acústico existente o que exige un pavimento con prestación al menos equivalente a la original. Es el primer documento que abrir: mira los estatutos.
Al margen de los estatutos, la jurisprudencia sanciona de forma constante empeorar la situación acústica del vecino mediante obras privativas. El problema no es la tarima: es la ausencia de tratamiento acústico bajo ella.
Qué marca la diferencia técnicamente
- Una lámina acústica adecuada, colocada en toda la superficie y sin interrupciones.
- Bandas perimetrales en los bordes, para evitar el contacto directo con los muros.
- El tratamiento de umbrales y pasos de puerta, que se olvidan a menudo.
- Para el gres, una capa o un sistema desolidarizado.
- La ausencia de fijaciones pasantes entre el pavimento y el forjado.
El segundo punto es el que más arruina una colocación por lo demás correcta: una tarima flotante en contacto con los muros transmite directamente a la estructura, sea cual sea la calidad de la lámina.
Qué puede hacer la junta
La junta no arbitra entre dos propietarios, pero puede actuar en tres planos: recordar la regla antes de las obras, documentar los avisos y alertar al administrador si la situación persiste.
- Incluir la exigencia acústica en la nota que se entrega a quien anuncia obras.
- Preguntar, antes de las obras, qué pavimento y qué lámina se prevén.
- Registrar las quejas con fechas, horarios y viviendas afectadas.
- Recordar que el asunto se resuelve antes de colocar, nunca después.
El primero es con diferencia el más eficaz: un propietario informado coloca lámina por un sobrecoste marginal; ese mismo propietario cuestionado después tendrá que levantar un suelo nuevo. Mira las obras en una vivienda y la comunicación de la junta.
Cuando la tarima ya está puesta
El camino es el de cualquier molestia vecinal: constatación escrita, registro fechado de las molestias durante semanas, conversación directa y, si hace falta, el administrador. Se puede encargar una medición acústica profesional, pero es cara y solo tiene sentido con un historial documentado.
Mira las molestias vecinales y, si se enquista, qué supone una acción judicial.
Los casos de zonas comunes
Algunos ruidos no tienen que ver con los pavimentos: tuberías que vibran, ascensor, ventilación, puertas que golpean. Esos corresponden a la comunidad y se tratan como un defecto de instalación.
Un cierrapuertas ajustado y unas fijaciones repasadas cuestan muy poco y eliminan una molestia diaria: mira la visita anual del edificio.
El problema nunca es la tarima: son los tres milímetros de lámina que nadie pidió antes de colocarla.
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