Gestión de la comunidad

Estatutos de la comunidad: leerlos, aplicarlos, modificarlos

El equipo de CoproHarmony31 de agosto de 20269 min de lectura
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Estatutos de la comunidad consultados por la junta

Resuelven la mitad de los debates de una junta. Casi nadie los ha leído, y muchas juntas ni siquiera tienen una copia.

Una discusión se atasca en la junta: ¿se puede poner aire acondicionado en fachada?, ¿se admiten perros?, ¿quién paga el pavimento del patio?, ¿se puede alquilar la portería? En la mayoría de los casos la respuesta ya existe: está en los estatutos, que nadie tiene a mano.

Ese documento es la ley interna del edificio. Conocerlo, aunque sea su estructura, ahorra muchísimo tiempo a la junta y evita acuerdos que después se impugnan.

Qué contienen realmente

  • El destino del edificio: residencial, mixto o profesional, lo que permite o prohíbe ciertos usos.
  • La distinción entre zonas comunes y privativas, edificio por edificio y a menudo vivienda por vivienda.
  • Las normas de uso: ruido, animales, aspecto de fachadas, carteles, uso de patios y jardines.
  • El reparto de gastos, con distintos criterios según el tipo de gasto.
  • Las reglas de funcionamiento de la comunidad, a veces más exigentes que el mínimo legal.

Se les suele anexar la división horizontal: numera las viviendas y fija sus cuotas. Es el documento para entender el cálculo de las cuotas.

Encontrar una respuesta en cinco minutos

Los estatutos suelen ocupar decenas de páginas, pero su estructura casi siempre es la misma. Bastan tres reflejos: buscar la definición de zonas comunes, luego el apartado de uso de las privativas y por último el anexo de reparto de gastos.

Un documento digitalizado y buscable cambia por completo su utilidad. Es de los primeros que conviene subir: mira los documentos que puede obtener la junta.

Cuando los estatutos están desfasados

Muchos tienen décadas y contienen cláusulas sin efecto: prohibición pura y simple de animales domésticos, restricciones sobre la profesión de los ocupantes u obligación de contratar a una empresa concreta. Una cláusula contraria a una norma imperativa no se aplica, aunque siga escrita.

Al revés, una cláusula más exigente que la ley donde esta deja margen sí se aplica: por ejemplo un plazo de convocatoria más largo. De ahí el interés de leerlos antes de afirmar nada en junta.

Modificar los estatutos

La modificación se vota en junta, con mayorías que varían según lo que se toque: normas de uso, reparto de gastos o destino del edificio no siguen el mismo régimen. Algunas modificaciones exigen unanimidad.

Una modificación aprobada debe inscribirse para ser oponible a futuros compradores: un trámite que no conviene olvidar. Pide al administrador que precise el circuito antes de redactar el acuerdo, como en cualquier decisión sensible.

El papel de la junta

  • Tener una copia completa, con anexos, y hacerla accesible.
  • Detectar las cláusulas claramente obsoletas y señalarlas en vez de aplicarlas.
  • Comprobar antes de cada junta qué dicen los estatutos sobre los puntos del orden del día.
  • Entregar el documento a los nuevos propietarios, que rara vez lo han leído.
  • Proponer una actualización conjunta en vez de retoques año tras año.

Este último punto es el más eficaz: una actualización global preparada con un profesional y votada una vez cuesta menos que cinco modificaciones sucesivas. Mira cómo construir el orden del día.

La mitad de los desacuerdos de una junta se resuelven abriendo un documento que nadie ha traído.

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