Venta de una vivienda: el certificado de deudas y lo que debe vigilar la junta
En cada venta, un documento decide quién paga qué. Mal preparado, deja impagos que acaban repartiéndose entre todos.
Cuando una vivienda cambia de manos, el notario necesita un documento preciso: el certificado de deudas con la comunidad. Lo emite el administrador e indica lo que el vendedor debe todavía, lo que la comunidad pueda deberle y las cantidades que corresponderán al nuevo propietario: obras aprobadas, derramas pendientes, fondo de reserva.
No es estrictamente un documento de la junta: lo prepara el administrador y lo paga el vendedor. Pero sus consecuencias sí son colectivas. Un certificado descuidado significa un impago que escapa a la comunidad y acaba repartido entre los demás.
Dos documentos, no uno
- La información previa al contrato: gastos de la vivienda, procedimientos en curso y situación financiera de la comunidad.
- El certificado de deudas, en el momento de la escritura, que salda cuentas entre vendedor, comprador y comunidad.
- Los gastos de emisión corren a cargo del vendedor.
- Ambos exigen cuentas al día: no crean nada, fotografían una situación.
Quién paga los gastos el año de la venta
El principio es sencillo: debe la cantidad quien es propietario cuando esta resulta exigible. El vendedor paga las derramas anteriores a la venta y el comprador toma el relevo tras la escritura.
Vendedor y comprador pueden pactar otro reparto, pero ese acuerdo solo les vincula a ellos: la comunidad se dirige al propietario registral. Es una fuente clásica de malentendidos, sobre todo con obras aprobadas antes de la venta y giradas después.
Qué debe vigilar la junta
- Que los impagos del vendedor se descuenten del precio en lugar de quedar pendientes.
- Que las obras aprobadas y aún no giradas figuren correctamente: eso evita litigios seis meses después.
- Que el nuevo propietario se incorpore rápido a los registros: datos de contacto, dirección de notificación, acceso a la información.
- Que las ventas sucesivas no hagan desaparecer un impago antiguo del seguimiento.
Este seguimiento enlaza con el procedimiento de reclamación de cuotas impagadas: la venta suele ser la última ocasión de recuperar una deuda.
El momento ideal para revisar las cuentas
Una venta saca a la luz todo lo pendiente: provisiones mal imputadas, regularizaciones nunca hechas, obras aprobadas de las que nadie sabe si se giraron. La junta debe aprovechar para preguntar con precisión al administrador.
Una revisión anual bien hecha revela lo mismo: mira cómo revisar las cuentas y la checklist previa a la junta.
Acoger al nuevo propietario
Un comprador rara vez llega entendiendo cómo funciona su comunidad. Los primeros meses marcan a menudo su actitud durante años: propietario implicado o ausente sistemático.
Un mensaje de bienvenida de la junta —quién hace qué, cómo avisar de una incidencia, cuándo se celebra la junta, dónde están los documentos— cuesta diez minutos y cambia la dinámica. Mira cómo estructurar la comunicación de la junta.
La venta es el único momento en que una deuda antigua vuelve a ser recuperable sin procedimiento: siempre que alguien la haya seguido.
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